viernes 24 de febrero de 2012
viernes 10 de febrero de 2012
jueves 26 de enero de 2012
A propósito de Megaupload
El cierre de Megaupload ha sido sin duda una de las noticias más destacadas del mes para aquellos que se congratulan cada día que pasa de la existencia de una tecnología que posibilita que la cultura se encuentre al alcance de todos y no al servicio de una élite.
No me malinterpreten. Nada más lejos de mi intención que abogar por el "todo gratis". Pero tampoco voy a posicionarme en uno de los dos extremos que tanto parecen gustar en la sociedad en la que vivimos del bueno y el malo, lo analógico y lo digital, el Barcelona o el Madrid, etc.
Así pues, no voy a defender la existencia de contenido protegido por las leyes del copyright en servidores como Megaupload, pero mucho menos voy a defender la forma en la que se ha llevado este asunto para eliminarlos. Porque me escandaliza comprobar que algunos justifiquen la actuación del FBI, una actuación con la que se ha arrasado un servicio de almacenamiento que albergaba contenido diverso de millones de usuarios. En la mayoría de las noticias han preferido olvidarse de ellos y cebarse en la descalificación del fundador del servicio en cuestión, Kim Dotcom, y sus excentricidades varias. Ciertamente, el tipo no era una joya pero no se alejaba demasiado de la figura a la que los grandes magnates nos tienen acostumbrados de coches, mujeres y objetos de pésimo gusto.
Todo internet contiene material protegido por las leyes del copyright, problema que la industria desea resolver a toda costa y para el que se han planteado diversas soluciones:
SOLUCIÓN 1.- ¿Cerramos internet?
La pregunta en sí ya es absurda aunque intuyo que muchos estarían encantados con ello.
SOLUCIÓN 2.- ¿Aceptarlo con resignación?
No. No tiene por qué ser así. Comprendo que sea engorroso tener que contratar a gente que se dedique a detectar dónde hay contenidos protegidos para posteriormente solicitar la eliminación de los mismos (tal y como se venía haciendo hasta ahora), pero las compañías bien pueden permitirse tener a unos cuantos trabajadores rastreando su material. ¿Que usted y yo sabemos que es poner puertas al campo y que a los dos minutos estará el mismo archivo en otro servidor, en una red P2P o en cualquier otro sitio en el mundo virtual mientras no existan alternativas reales a la cada vez mayor demanda? No importa. Ellos están en su derecho de obrar así por más que la partida termine siempre en tablas. No olviden que entonces la otra salida sería la solución 1 y de seguro esa no es planteable.
Pero como no estaban contentos con este punto, la industria se ha quitado de la manga una tercera solución.
SOLUCIÓN 3.- Eliminar de un plumazo los servidores donde está ese material (en la línea del político aquel que dijo: "¿Hay muchos incendios? ¡Talemos los árboles!"), sin importar países, leyes internacionales, protección de datos, derecho a la intimidad, etc. El FBI se pone el mundo por montera para luchar contra la Mega Conspiración y caza moscas a cañonazos para combatir la piratería demostrando que ni siquiera necesitan la SOPA.
En medio de este torbellino de información, he leído opiniones de lo más dispares: desde el que se rasga las vestiduras porque las redes sociales ardían de indignación ante la noticia, hasta aquellos que para defender la medida hacían referencia a You Tube como paradigma de servidor legal y respetuoso con los derechos de autor.
¿You Tube?
Disculpen, pero tal y como se ha efectuado el cierre de Megaupload podrían venirse abajo You Tube, Facebook, Twitter, Google y toda la blogosfera.
Pero centrémonos en You Tube. Pongan ustedes en su buscador el nombre de un documental, una serie o una película, el que prefieran. Está ahí, ¿verdad? Completa o a trocitos. Oh, sí, algunas veces verán ustedes ese letrero de "archivo eliminado por infracción de derechos de autor" pero ese letrero, sincérense, ¿no les ha salido en alguna ocasión en Megaupload?
¿Qué ha pasado entonces? ¿No asemeja haber algo más?
En esta batalla entre la industria y la Red, Megaupload iba a dar un golpe sobre la mesa con una idea sumamente atractiva para los creadores: decidir cómo poner su música a disposición del público; ya fuera de pago o de forma gratuita, se les retribuiría por ello. Pretendían cargarse de un plumazo a las discográficas. Porque resulta que la gente está dispuesta a pagar por los contenidos, por más que nos hayan repetido que no; por más que el público haya dejado de acudir a las salas de cine en masa, ignorando que tiene mucho que ver el abusivo incremento del precio de las entradas en un 36 por ciento en los últimos 7 años. Pues bien, había unos que pagaban por el servicio de Megaupload religiosamente y otros que estaban dispuestos a tragarse toda la publicidad del mundo sin pagar por él, con lo cual estaban las ganancias aseguradas en un almacén en el que convivían materiales protegidos con materiales de dominio público, materiales copyleft o creative commons con materiales privados.
¿Todavía no ha visto la industria tradicional el negocio?
Desde luego que sí. Estupendas páginas como la de Marvel desde la que se pueden ver los episodios de sus series de forma gratuita son buena prueba de ello.
Les confieso que empiezo a creer que todavía hay más bifurcaciones. Esta no es solo una lucha entre dos modelos de negocio condenados a entenderse o cuando menos a coexistir, también es una lucha por el control de los contenidos. Sus contenidos. La industria tradicional decidía a quién editar, remasterizar, reeditar y comercializar, perdiéndose todo lo demás en el olvido. Consumo rápido, nuevo, desechable. DESCATALOGADO. Terrible palabra, imperdonable en los tiempos de internet. Descatalogado. A este respecto, les invito a que lean dos artículos honestamente clarificadores que lo explican mejor que yo:
Así las cosas, y después de haber tratado el tema del contenido en discordia, no podemos olvidarnos de todos aquellos que utilizaban el servidor como su disco duro virtual. Millones de personas alojaban ahí desde las fotos de las vacaciones con la suegra, hasta los trabajos para el instituto, los borradores de las tesis, maquetas musicales o todo tipo de archivos laborales. Pero como muchos de los que braman contra Megaupload no se creen que fuera nada más que un nido de pérfidos piratas, vamos a ponerles unos cuantos ejemplos:
El escritor JUAN GÓMEZ JURADO, en su cuenta de twitter @JuanGomezJurado, declaraba: "Yo tenía más de 1,6 GB de documentación almacenados en Megaupload, material generado por mi. ¿Me los devolverá el FBI?"
La fotógrafa REBECA SARAY, también en su cuenta de twitter @rebecasaray, reconocía enviar sus trabajos por medio de Megaupload.
Los videos gratuitos del curso "Un año de fotografía" también se encontraban almacenados en Megaupload (menos mal que todavía podemos disfrutarlos en Vimeo).
Y podríamos seguir...
Vivimos en un punto de inflexión. Si leyes como ACTA o SOPA son aprobadas, la Red cambiará. Pueden creer que no les afecta. Pueden creer que eso es de jovenzuelos, de frikis o de geeks. Pero se equivocan.
La información es poder. Y alguien se ha llevado un buen lote de información: documentos e imágenes personales, números de cuentas paypal, de tarjetas de crédito, direcciones, teléfonos, IPs, creaciones todavía sin registrar,...
Y después de todo ello, confiésenme, ¿no se encuentran ustedes un poco más intranquilos?
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